jueves, 27 de enero de 2011

Cap. IV

Hay pocas ocasiones en la vida en que te pueden mandar a la "mismísima" mierda y... te vas, literalmente, muy contento. Y es que esas extrañas circunstancias, mas que pensar en devolver el agravio, te pones a meditar cómo es posible que de una boquita tan bonita y dulce pueda salir frase tan blasfema. Aclaro, no es una costumbre en ella decir tales frases; mas bien fue un arrebato de ira causado por el insoportable escribidor, que santo no es. Y no es que me haya espantado ante la afrenta -la replana coloquial es una de mis habilidades-, todo lo contrario, me causó mucha gracia que criatura tan bella te pueda "mandar" a sitios tan feos.

Me mandaron a la mierda hace pocas semanas; me rectifico, me mandaron a la "mismísima" mierda hace pocas semanas. Nada es perfecto. Las cosas son difíciles cuando se es tan distinto o se está muy lejos. Mónica es muy distinta a mí y, además, en aquella ocasión yo estaba muy lejos de ella. La frustración por la ausencia nos hacía "hipersensibles". Somos distintos en todo y eso crea, a veces, cortocircuitos: a ella le encantan las baladas y yo soy rockero de pura cepa; ella es religiosa yo agnóstico; ella cumple las reglas y las leyes yo soy un nihilista; ella es dormilona y yo duermo nada; ella detesta los cigarrillos y yo los fumo; bebo café negro y ella tiembla ante él; ella iba a la parroquia y yo a bares por la medianoche; ella ve novelas y yo devoro libros; ella es chiquita y yo grande; ella es reservada y yo un libertino; ella es renegona y yo afable; ella fue buena estudiante y yo siempre fui uno malo; ella es bella y yo una bestia. Somos distintos en todo y eso realza más el aura utópica de nuestra relación. Sí, somos muy distintos y creo que si fuésemos iguales estaríamos muy aburridos el uno del otro o ya me hubiese mandado a la mierda mil veces. Todo lo contrario, la he amado mil veces y ella besado un millón. NO! no somos tan distintos ambos buscamos lo mismo: queremos llegar a viejitos juntos y cuando muera ella me cremará y cenizas esperaré a que me dé el alcance, y cuando ella lo haga esparcirán mis cenizas sobre su cuerpo y me enterrarán junto a ella -no quiere ser cremada- para siempre. Tan distintos no somos: nos amamos.

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